Luka revisaba unos documentos en su oficina. El fin de semana se lo había pasado pensando en su pasatiempo y los pasos a seguir de ahora en adelante. Y había decidido seguir con el juego, pero mejorando su estrategia.
Se reclinó en la silla, acariciando el parche que le cubría las indecentes marcas del cuello.
—Señor Bosch, la señorita Montoya necesita hablar con usted —avisó su secretaria.
—Haz que pase.
Alessa entró y se quedó apoyada en la puerta.
—Revisé lo que me enviaste por correo y