—¡Oh por el amor de Dios! —exclamó Luka.
—Amén —dijo Alessa y volvió a devorarle el miembro que sabía a jugo de uva.
La tenía encima desde que entraran a la habitación. Había tenido suerte evitando que lo desnudara en la calle. Estaba fuera de sí, ni siquiera lo había dejado bañarse y ahora lo succionaba como si quisiera absorberle hasta el alma. Esa mujer tenía una aspiradora en la garganta.
Se dejó caer en la cama, verla era demasiado erótico y no quería correrse todavía. Estiró la mano par