Un nuevo puesto de trabajo implicaba también una nueva oficina y nuevos compañeros. Alessa metió las cosas de su cubículo en una caja y dejó el piso de los topos.
—Hay tanta luz aquí.
Las ventanas eran de verdad y no tenían cortinas. Sentía que se deshacía, como un vampiro. Tendría que llevar gafas de sol hasta tolerarlo.
—Acostúmbrate. Ya no serás más un topo —dijo Fabián, su nuevo supervisor.
Era más joven que Anton, pero se estaba quedando calvo. Ocultaba su pelada echándose un mechón hac