Los labios de Leonardo recorrieron el cuello de Emma con sutileza, a pesar de que no estaba acostumbrado a ser así de delicado con las mujeres a las que llevaba a la cama, con ella tenía que serlo, aunque sabía que Emma no era virgen, algo le decía, que mientras más suave, mucho mejor. Por un segundo, el pensamiento de que otro hombre había tocado su cuerpo, fue deplorable, incluso, había casi pensado en detenerse, daría muchas cosas en aquel preciso momento para que ella fuese virgen, la excit