Capítulo 37; Pasión y amenazas.
La mirada de Leonardo viajó por todas las esquinas de aquella casa, mirándola con desdén, la juzgaba, Emma podía darse cuenta, cuando así lo quería, sus ojos reflejaban demasiado, y en ese instante lo hacían. De vez en cuando, sus labios se entreabrían, como si quería decir algo, pero a la vez, no.
El rubio sujetó a Emma de la mano, los labios rojos de la muchacha por el beso que hace no demasiados segundos atrás le había dado, le sacaron una sonrisa, usualmente, no la besaría tan fuerte, pero