Firmo el contrato con rabia contenida y dejo la pluma a un lado.
—Muy bien, ya está. ¿Desea algo más? —Disimulo el enojo con una sonrisa fingida.
Él me observa atento, como si no quisiera perderse ninguno de mis gestos.
—Sí, va a mudarse conmigo después del desfile de lanzamiento. Una vez instalada en mi casa, tendrá que seguir las reglas y mantenerse alejada de mí, porque no quiero ver a cada momento la mujer que me trajo problemas. Sin embargo, en público tendremos que portarmos muy cariñosos.