Jhonson... digo su nombre en un susurro apenas audible, no puedo creer que está de nuevo frente a mí.
—¿Cómo estás? —Extiende su mano para saludarme.
La tomo con suavidad y la estrecho sin prisas.
—Estoy... Estoy de maravilla, ¿y tú? —Aclaro mi garganta, de repente me puse un poco ronca.
—También... Recuerdo que aquí trabajas, yo vine a ver a un viejo amigo, ya sabes, cosas de negocios...
Detiene la mirada en mi cuello y frunce el ceño.
No entiendo qué le sucede, así que le pregunto:
—¿Todo bien