Mora llegó al edificio con el corazón en un puño. El miedo la consumía, y una furia ciega llenaba su ser.
Alma, no respondía a las llamadas, ni ella ni Salvador.
Había algo en el aire que le decía que algo no estaba bien. No podía esperar más; tenía que ir ella misma a buscarla. No permitiría que Bernardo siguiera atormentando a Alma, ni a su familia. Nadie tenía derecho a hacerles tanto daño.
Llegó al edificio. Pronto, fue hasta el departamento y llamó a la puerta, pronto la puerta se abrió de