—No es ninguna locura, es un trato justo; gracias a este matrimonio, tu hermana estará a tu lado y podrás cuidarla.
La voz firme de Alma resonó como un desafío en el pequeño departamento.
Salvador la miraba con incredulidad, su ceño fruncido revelaba lo difícil que era comprender lo que acababa de escuchar.
—¡¿Y tú qué ganas con todo esto?! —espetó, casi sin aliento, sin poder quitarle los ojos de encima.
Alma sostuvo su mirada, pero por un instante pareció perderse en algún recuerdo doloroso. L