Capítulo XLVIII

Klaus Santana

Sus ojos brillaban, casi no había hablado, estaba nerviosa y algo acalorada, por lo que habíamos hecho recién, pero lucía preciosa, era la mujer más bella que había visto en mi puta vida y era nada más ni nada menos que mi novia, suspiré y me puse de pie para poder tomarla de la mano y ayudarla a bajar de la tarima.

– Te ves realmente hermosa – le dije y ella me sonrió.

– Muévanse tortolos – dijo Alhelí – nosotras también queremos bajar – el pequeño grupo

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