Capítulo LVII

Tres meses habían pasado, tres meses desde que cuento las semanas para que el final de mi castigo llegue. Era lunes y aún daba vueltas en mi cama. La iglesia ese día se mantenía cerrada, como la mayoría del pueblo. Un lunes para un pueblo como Buturrumin, es un día muerto, los negocios raras veces abrían, las tiendas se mantenían cerradas y la poca gente que transitaba, seguramente salía de sus casas por alguna emergencia o al tra

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