Capìtulo LXII

Isabel, se fue corriendo directo al auto y se encerró con nuestro hijo, mientras Idara, llamaba a las personas correspondientes, no quería poner a nadie en peligro, menos a mi familia.

―Amor ―esas palabras me produjeron asco, viniendo de quien no corresponde―, ven a ver a nuestro hijo ―su voz estaba llena de sentimientos―, es hermoso ―Luciana tenía los ojos clavados en la manta que cargaba, mi miedo más profundo era que hubiese robado un bebe para hacer todo

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