Eso fue el colmo. Totalmente.
Apretando los puños se dio la vuelta complemente, aguantando la ira que se avecinaba como una tormenta con tornado y lo enfrentó.
—Haz lo que quieras—se obligó a sonreír—. Pero si luego vienes llorando a mí, no tendré compasión. Te tendré de rodillas por mí.
Sin esperar respuesta se perdió entre la gente y Argo gimió tapándose la cara.
Eso fue estúpido, y lo dejó completamente caliente.
Ahora está caliente y frustrado.
Obviamente no estaba hablando en serio, podrí