—Hermano querido, ¿cómo estás? Ha pasado un tiempo…
Almer oprime con fuerza su cerebro tratando de buscar palabras que aminoren o calmen a cierta bestia rubia parada en la puerta.
—Kathy ¿Cómo te sientes?
Almer abrió y cerró la boca. ¿Lo ignoró? ¿Lo ignoró para concentrarse en esa mujer?
—No te preocupes, hoy estuve muy bien, te tengo que mostrar el avance del mural luego…
—Vale, vale, sólo acuérdate de buscarme en mi oficina ¿Si? Porque hoy tengo bastante trabajo.
—Vale, ¿Qué quieres de cenar?