Mi mirada estaba perdida en el techo, esperando que los puntitos blancos que opacaban mi visión, desaparecieran. No comprendía como podía sentirme tan bien si mi cuerpo se había apagado después de esa descarga energía. ¿Cómo algo tan divino podía hacerme perder el funcionamiento de mis piernas?
Cerré los ojos, tratando de recordar como se respiraba.
Una mano se posicionó en mi mentón.
—Abre los ojos, Reina del hielo. No hemos terminado —La voz de Alexander llegó muy cerca.
Al abrir l