—¿Te sientes con la suficiente fuerza para salir? —dijo de pronto, mientras yo me subía el abrigo, cubriendo mis tetas.
Podía sentir como todo mi cuerpo ardía de vergüenza.
—¿Salir a donde? —Miré por la ventana, notando que el sol ya había salido.
¿Cuánto tiempo estuve dormida?
—Nos iremos de París —anunció sin mostrar expresión alguna.
Agrandé los ojos, volviendo a verlo.
—¿De verdad? —dije con emoción , imaginándome que era la mejor opción por nuestra seguridad, para alejarnos de