Un viernes por la noche a la una y treinta de la madrugada estaba en la pista de baile del Bar 107 situado en el centro de San Diego.
Frecuentaba cada fin de semana allí con muchos de mis compañeros de trabajo y uno de éstos era mi primo Ryan Cox, quien disfrutaba de una copa en la barra, mientras me veía bailar con una de mujer con quién coincidí en el lugar.
Ryan me lanzó una pícara sonrisa permanente en su boca y un pulgar arriba. "Imbécil" susurre para mí.
Cuando me cansé de ser el espect