Capítulo 12

Él había aparecido hoy, callado y dubitativo. No pronunció palabra más que para decirme que estaba allí para mí. No me convenció con nada gracioso para hacer que montara en la moto, sólo me ayudó a hacerlo. No me sonrió como siempre lo hacía.

Pero dejó un beso en mí frente y deslizó un ligero dedo por mí mejilla antes de ponerme el casco.

Por su misma actitud no sabía donde estábamos. Podía sentir los árboles bailar y rosarce entre sí por el viento de la noche. A los grillos chirriar y a los pe
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