ELIZA
— Lo sentimos mucho señorita Eliza, su padre fue un increíble hombre y un gran jefe.
Toda la tarde se había vuelto una llena de condolencias, la lluvia no había parado ese día, logrando que ocultara las lágrimas de la joven.
— Mi niña, deberíamos ir a casa.
— Abuelito Lucian, ¿Qué condena estaré pagando para haberme quedado sin mis padres? Ayer estábamos muy bien, se despidió de mí y me prometió que volvería.
— Lamento que todo esto sea así pero, por algo suceden las cosas, tu papá