Marián frenó la maleta sobre el suelo al llegar a la puerta de su casa, introdujo la lleve en el interior de la ranura e inclinó la mano para empujar, no dio tres pasos al interior cuando unos brazos cálidos rodearon todo su cuerpo.
-Marián, ¿cómo estás? ¿Estás bien? me alegro de que llegaras.
-Hola, estoy bien –fue su respuesta con expresión de seriedad.
También estaba contenta de estar en casa, en todo su viaje se sintió sola, poco querida y cada día se había regado con gotas de melancolía. N