A la mañana siguiente.
El doctor estaba sentado frente a la cama donde reposaba Aranza, cuidaba del funcionamiento de la máquina que usaban para calentar la sangre de la joven, esperando que eso ayudara para que lograra salir de aquella hipotermia.
La chica retiró la mascarilla y giró su rostro, mostrando confusión.
—¿En dónde estoy? —preguntó.
El hombre sonrió y se acercó a ella.
—Estás en la clínica del pueblo —informó.
—¿De qué pueblo? —cuestionó confusa.
—Estás en Guachochi, Chihuahua —el h