— ¿Podrías esperar por favor? – Lea prácticamente corre detrás de Damián.
— ¡No! – responde ofensivo — ¡date prisa! – gruñe — ¿a menos que desees quedarte a platicar con alguien más? – se detiene abruptamente.
Lea interrumpe su casi carrera evitando colisionar con el hombre que acaba de gruñirle, no da crédito a las palabras que acaba de soltar, se enfada con él y lo encara de manera dramática.
— ¡No entiendo tu molestia! – da un paso al frente decidida a que no se dejará mangonear de él a