Capítulo 84. Arrepentimientos y argumentos
La noche de Manhattan, salpicada de luces de neón y sirenas lejanas, se extendió sobre Damián mientras se apoyaba en el frío balcón de la habitación del hospital. Su padre, Derek, se acercó a él, y la vieja y dolorosa herida se abrió de nuevo. Damián se mantuvo callado, con la vista perdida en el horizonte. La última vez que había visto a su padre, la rabia lo había consumido. Hoy, el dolor era lo único que sentía.
—No sé qué decirte —comenzó Derek, su voz ronca—. Siempre he sido un cobarde. Lo