Punto de vista de Miriam
Entonces oí voces.
Bajas. Distantes.
Alguien hablaba en algún lugar del edificio.
—Quizás sea seguridad haciendo una ronda de control —murmuró David. Me soltó rápidamente y cruzó la habitación para apagar las luces.
La oscuridad se instaló a nuestro alrededor, rota solo por el brillo tenue y clínico del horizonte de la ciudad filtrándose a través de las ventanas. Apenas podía distinguir el rostro de David, pero sí podía sentir su mirada: intensa, inquebrantable, peligro