Piensa en cuántas otras personas podrían tener ese poder -preguntó Tobias.
La expresión de Sabrina se volvió sombría al instante.
-Te lo contaré con más detalle cuando lleguemos a casa -dijo Tobias.
Sabrina no era tonta y entendió lo que quería decir. Asintió, respiró hondo y respondió:
-Está bien, lo pensaré.
La habitación quedó sumida en un incómodo silencio. Nadie decía nada.
Leonardo miró a los presentes y preguntó:
-Así que, ¿qué pasa con mis brazos y piernas? ¿No estoy lisiado, verdad? -