Marcia soltó una risita burlona:
—¿Nuestros padres? Están en casa, abajo. ¿Por qué lo preguntas?
Aquel tono tan despreocupado encendió todas las alarmas en Rubí.
—No te hagas la tonta —replicó con voz gélida—. ¡Sabes perfectamente de qué hablo!
—¿De qué hablas? —insistió Marcia—. ¿Buscas a tus padres? Ah, ya… te refieres a los William, pobrecitos, ¿no?
Rubí sintió la rabia subirle por el pecho. Antes de que pudiera contestar, Dan arrebató el teléfono de sus manos y gritó:
—¡Marcia, dónde está t