Ambos estaban ocupados, pero cuando Rubí miró el reloj y notó que había pasado casi una hora, frunció el ceño. Marcus seguía absorto en sus asuntos, el ceño más fruncido que antes.
Rubí suspiró, recogió su bolígrafo y el libro. Si no comían pronto, sería demasiado tarde...
Y, a juzgar por la expresión de Marcus, aún quedaba algo de tiempo.
Después de pensarlo un momento, Rubí fingió haber terminado su tarea. Se levantó, bebió un vaso de agua y luego, lentamente, se inclinó mientras se frotaba e