¿¡Cómo es que su marido era dueño de UN MALL... y ella no lo sabía!?
Rubí no podía creerlo.
De pronto, todo tenía más sentido: no era de extrañar que Dylan hubiera conseguido una reserva en ese café tan exclusivo con tanta facilidad.
Era un lugar famoso en redes sociales, casi imposible de reservar el mismo día.
Y Dylan lo eligió a propósito.
—¿Sabías que el centro comercial donde se van a reunir... le pertenece a tu papá? —preguntó Rubí, aún incrédula.
Dylan ladeó la cabeza con naturalidad:
—Por supuesto que lo sabía. ¿No lo sabías tú?
—Mami, papi tiene muchas propiedades a su nombre. Gavin y los demás las supervisan para él, pero yo pasé tanto tiempo con papi antes de empezar la guardería que casi las recuerdo todas —explicó Dylan.
Rubí asintió. Sabía que los niños con autismo suelen tener una memoria excepcional.
Así que no le sorprendía que Dylan tuviera una memoria casi fotográfica.
Dylan suspiró y la reprendió con seriedad:
—Papi debería haberte mostrado todas sus propiedades y