Rubí se inclinó ligeramente y bajó con cuidado el cuello de su blusa para mostrar el moretón en su clavícula.
El hematoma, oscuro y evidente, no tenía maquillaje alguno.
Era el resultado directo del cuaderno que Leonardo le había arrojado la noche anterior.
El comedor quedó en absoluto silencio.
—¡Leonardo York! —rugió Tobías, enfurecido al ver tanto el moretón como las marcas en el rostro de Rubí.
Luego lanzó una mirada afilada hacia Zoey.
—Padre, yo no… —
—Ya sea que Zoey le haya dicho algo o