Zoey fingió regañarlo:
—No digas eso. Ella te trata bien y es bastante atenta.
—No hablemos de ella —dijo Leonardo con frustración—. No estés triste. Para mí, tú eres la única hermana real y nadie puede reemplazarte. ¿Ya estás tranquila?
Zoey fingió enojarse y murmuró:
—¡Esta boca tuya! No estoy diciendo que no la trates como hermana. Solo… olvídalo. Es suficiente con que sepas que soy buena contigo. Ve, pero vuelve temprano.
—¿No quieres venir con nosotros? —preguntó Leonardo.
Zoey negó.
—Teng