En un instante, el miedo la atravesó. Sus ojos buscaron los de Marcus, llenos de ansiedad.
Marcus, comprendiendo su inquietud, negó ligeramente con la cabeza.
—Ahora no es el momento —le dijo en voz baja—. Hay demasiada gente. No es conveniente que vayas. Espera un poco.
Rubí asintió, conteniendo su angustia.
—Está bien, lo sé —susurró.
Miró a Arthur, que se había apresurado a seguir a Tobías. Ambos lucían visiblemente preocupados, lo que solo confirmaba que algo grave había sucedido.
Rubí, alg