Rubí arqueó una ceja y, esbozando una ligera sonrisa, le preguntó:
—¿Cuántos días piensa quedarse Su Majestad en la ciudad?
Su voz era tranquila, casi confidencial. Los funcionarios locales que acompañaban a Tobías se acercaron un poco, intentando oír, pero Rubí hablaba tan bajo que solo él podía escucharla.
Tobías nunca había estado tan cerca de una mujer tan joven fuera del ámbito familiar. La situación lo incomodaba un poco, pero, para su sorpresa, también le resultaba agradable.
Su hija Zoe