—OK —respondió Gavin, y fue a abrir la puerta.
Xavier no tuvo más opción que despedirse. Sin embargo, antes de que Rubí subiera al coche, una voz detrás de ella la detuvo:
—Entonces, ¿qué cree la señorita Gibson que debería hacer Su Majestad? —preguntó el hombre—. ¿Qué podría hacer para que ese ladrón se sienta ignorado?
Las palabras de Rubí habían sido tan lógicas que todos habían quedado pensativos. Efectivamente, todo indicaba que aquel ladrón actuaba solo por atraer la atención pública. Si