Marcus habló entonces, en un tono tan natural que dejó a todos descolocados:
—Noah, gracias. Deberías volver. Yo me ocuparé de Rubí. Afortunadamente, no hay forasteros aquí. Si hubiera reporteros, podrían malinterpretarlo otra vez.
Noah lo miró sorprendido, incapaz de creer lo que escuchaba.
Esperaba reproches, furia… pero Marcus estaba increíblemente tranquilo, casi demasiado.
El silencio se prolongó unos segundos.
Marcus levantó la vista y lo observó fríamente, con una mirada que decía más qu