—¿Te atreverías? —rugió Dereck, con la voz cargada de rabia. Esta vez no era una amenaza vacía; sus ojos brillaban con una furia salvaje, como un depredador a punto de lanzarse sobre su presa—. Parece que has olvidado tu lugar. Hoy mismo te voy a enseñar una lección, o terminaré avergonzado de llamarme tu padre.
Dando un paso hacia adelante, levantó el brazo con la intención clara de abofetear a Marcus.
Rubí se quedó congelada, horrorizada ante la escena que se desplegaba ante sus ojos. La madr