—¿Tienes hambre? Tu papá dijo que debes tomar tu medicina. Después de eso, puedo prepararte un poco de pasta, ¿te parece bien? —preguntó Rubí con dulzura.
Aunque no era una experta en la cocina, tanto Marcus como Dylan solían comer con gusto todo lo que ella preparaba. Incluso parecían disfrutarlo. Dylan asintió suavemente y, sin decir una palabra, rodeó el cuello de Rubí con sus pequeños brazos y apoyó la barbilla en su hombro. Su gesto fue tierno y confiado, como si fuera lo más natural del m