Mundo de ficçãoIniciar sessãoRubí soltó un jadeo. Antes de que pudiera reaccionar, Marcus ya la tenía aprisionada contra él. La bata cayó al suelo y solo quedó el vestido de seda que delineaba su silueta. En su abrazo podía sentir los músculos firmes y el latido acelerado de su corazón. Ese ritmo intenso resonaba en sus oídos, haciendo que su propio corazón se agitara con fuerza.
—¡Marcus, tú… mentiroso! ¡F







