Una tristeza indescriptible la invadió, y las lágrimas comenzaron a caer sin que pudiera contenerlas. Lo que sentía por Marcus se mezclaba con una punzada de dolor que le oprimía el pecho.
—Marcus… no quiero tu anillo, y tampoco quiero tu afecto —dijo Rubí, con el rostro empapado, la voz temblando y una expresión profundamente agraviada.
Marcus la miró sin saber cómo consolarla. Ella parecía aún más herida, y las lágrimas seguían cayendo mientras repetía con firmeza:
—Quítame este anillo.
Él pu