Tras una breve pausa, asintió.
-Sí, tienes razón. Por suerte, esta vez logramos salir adelante.
Stephen conducía con rapidez y destreza. Tras media hora, llegaron finalmente al laboratorio que habían preparado para el Dr. White. Isabel ya los esperaba en la entrada, con una expresión de júbilo y los ojos brillantes de entusiasmo. Se la veía eufórica.
Rubí bajó del auto con una pequeña sonrisa. Isabel se acercó enseguida y, tomándola de la mano, exclamó:
-¡Sra. Maxwell, logramos desarrollar el a