Rubí puso los ojos en blanco y lo miró con fastidio, pero finalmente cedió.
-Está bien, está bien, deja de hablar ya. Te daré un beso, ¿de acuerdo?
-Perfecto. Ven aquí. Un beso de mi querida esposa aliviará mi dolor, de verdad -asintió Marcus con una seriedad teatral y le sonrió.
Rubí lo miró con impotencia y se inclinó lentamente hacia él...
Presionó suavemente sus labios contra los de Marcus.
Fue un beso delicado, como un susurro. Ella pensó que todo había terminado en un segundo y quiso reti