Rubí asintió, contuvo las lágrimas y salió tambaleándose.
Ni siquiera sabía cómo logró salir de la habitación.
En la puerta, Ethan y Sabrina la esperaban.
Después de un instante, Rubí levantó lentamente la cabeza, los miró a ambos y esbozó una sonrisa amarga mientras las lágrimas seguían cayendo sin control.
Estaba desconsolada. Sentía como si alguien le clavara agujas en el corazón. La tristeza y desesperación indescriptibles la consumían por dentro.
-¿Cómo estás? -preguntó Sabrina, dando un p