Mundo ficciónIniciar sesión
—¡Isa! ¡Corre, llegaremos tarde!
Corro lo más rápido que puedo por todo el campus de la universidad. Tenemos dos minutos para llegar al aula; de lo contrario, no nos dejarán entrar.
—¡Maldita la hora en que Andrés nos convenció de ir a tomar una cerveza! —mi amiga Alejandra está bastante molesta, ya que odia llegar tarde.
Por fin llegamos al edificio y logramos entrar a clase, pero por la forma en que lo hicimos, todos se quedan mirándonos.
—Qué suerte —en ese momento llega el profesor y de inmediato cierra las puertas, impidiendo el ingreso de más estudiantes.
—Buenas tardes, estudiantes. Vamos a comenzar.
La clase comienza, pero mi cabeza empieza a divagar en el gran sueño que estoy viviendo.
Soy mexicana, tengo 23 años y me encuentro de intercambio en Madrid gracias a una beca que gané en México por mi excelente desempeño. Vengo de una familia humilde, y aunque mis padres nunca estuvieron del todo de acuerdo con que estudiara (solo querían que trabajara para llevar dinero a la casa), para compensar trabajo en las noches como mesera en un bar cercano a la universidad. Ahora estoy cursando mi segundo año de Arquitectura y me siento cada vez más orgullosa de lo que he logrado. Aleja es una gran amiga que tengo desde que ingresé; vemos las mismas clases juntas y vivimos en el mismo departamento. Sus papás le pagan el lugar, y yo me encargo de poner la comida, así que ha sido una bendición tenerla como amiga.Pasé tanto tiempo pensando en todo lo vivido que, cuando menos lo pensé, la clase ya había terminado.
—Hoy la clase estuvo suave.
—La verdad, no presté mucha atención.
—¿Y eso? Es raro en ti. De las dos, tú eres la más juiciosa —me río por su comentario.
—Sabes que debo conservar la beca. Mi promedio siempre debe ser alto.
—Lo sé, siempre me lo dices cuando te quiero sacar de fiesta —Aleja se queda callada y, a los segundos, grita—: ¡Es viernes! ¡Vamos de fiesta!
—No quiero, además...
—¡No tienes excusa! Hoy tienes noche libre. ¡Joder, Isa! Eres joven, estás de intercambio en otro país y literal solo te has dedicado a estudiar y trabajar desde que llegaste.
—Sabes que necesito el trabajo.
—Lo sé, pero intenta disfrutar, así sea un poco. Ten otras experiencias aparte del estudio.
¿Debería hacerlo? En mi mente empiezan a resonar las palabras de Aleja y me doy cuenta de que es verdad. Desde que llegué, no me he dado la oportunidad de disfrutar como una joven de mi edad. Todo ha sido trabajo y estudio.
—Sabes, tienes razón. ¿A dónde vamos? —Los ojos de Aleja se iluminan y comienza a gritar como loca.
—¡Hasta que me aceptas una salida! Ya sé a dónde vamos a ir, y por el dinero no te preocupes: hoy invito yo —no sé si sentirme emocionada o con miedo—. ¡Vamos, que tenemos que ponernos guapas!
¿Guapas? Ni siquiera tengo un vestido o algo bonito que ponerme.
—Aleja, no tengo qué ponerme.
—Tú tranquila, yo te presto un vestido.
Horas después, ya me encuentro con un vestido negro ceñido a mi cuerpo, una sombra oscura en los ojos y un labial color nude. Llevo el cabello suelto. Me siento rara, pero a la vez bonita.
—Estás preciosa, estoy segura de que robarás muchas miradas.
—No digas eso, no voy en tono de conquista.
—¿Y si se te cruza un hombre guapo?
—No pasará nada —ella rueda los ojos y luego sonríe.
—Mejor vámonos, no quiero que te dé tiempo de arrepentirte.
Cuando llegamos, me quedo sorprendida al ver el club. En ese lugar solo entraba gente de la alta sociedad, y yo ni siquiera me acerco a eso.
—Aleja, no creo que este sea un sitio para mí.
—¿Por qué no? Estás preciosa.
—No tengo tu estatus.
—¡Eres una loca! Tú cállate y déjame hablar.
Llegamos a la entrada, y Aleja saluda a dos hombres que no paran de verla, pero luego me ven a mí.
—Chicos, les presento a una amiga mexicana. Se llama Isabela, así que trátenla bien, que hoy venimos a gastar mucho dinero —al escuchar esa palabra, ambos hombres me sonríen y saludan.
—Bienvenida, señorita.
—Gracias.
Entramos y el lugar estaba a reventar. De lejos pude distinguir a otros compañeros de la universidad, quienes nos saludan efusivamente. Quién iba a pensar que los que antes me despreciaban por ser pobre ahora me saludan y me respetan... todo gracias a que les expliqué unos temas que no entendían.
—Estás preciosa —menciona uno de nuestros compañeros.
—Gracias, Gael.
—No pensamos que fueras a venir. Por lo general, siempre nos niegas las salidas —dice Luna, con una copa en la mano.
Al escuchar sus comentarios me sentía como una tía amargada, pero la realidad es otra. Solo que aquí tengo que estar enfocada. Sin embargo, hoy me dejaré llevar. No tengo exámenes, tampoco trabajo mañana, así que me relajaré y disfrutaré de la noche.
—Bueno, ¡vamos a brindar porque Isa vino! —Todos levantamos las copas.
—¡Salud!
—¡Que empiece esta fiesta!
Todo comenzó: el licor, las risas, el baile. Por primera vez en mucho tiempo, me volvía a sentir yo, cosa que hacía mucho no sentía.
Ahora estoy bailando y disfrutando de la noche. Ya el licor se apoderó de mi cuerpo y siento cómo este se mueve solo, sin control.
En un momento de la noche siento una mirada clavada en mí y, cuando enfoco mejor, observo a un hombre bastante guapo tomando algo en la barra. Este no para de verme y, al detallarlo mejor, con su traje y esa barba, se vuelve aún más interesante.
—¿Te gusta? —Aleja me asusta, dedicándome una sonrisa pícara.
—¡No, qué dices!
—Oh, vamos. Desde aquí se les siente la tensión. Ve y acércate, estoy segura de que te invitará un trago.
—No creo que pueda...
—Vamos, amiga, anímate a hacer algo loco. Igual no lo volverás a ver —¿Lo hago? ¿O no lo hago? Dios, qué difícil decisión—. Vamos, demuéstrame de lo que estás hecha.
—¡Joder! ¡Lo voy a hacer!
—¡Esa es mi amiga! —Me compongo y, de manera sensual (creería yo), camino hasta la barra. Me acerco y, quedándome justo al lado del sujeto, que por cierto tiene un aroma exquisito, le pido al mesero un chupito de tequila.
—¿Mexicana? —Escucho su voz varonil que hizo que todo mi cuerpo temblara.
—Así es. Soy mexicana. — me giro y lo miro de forma coqueta
—¿Y qué hace una mexicana tan guapa lejos de su país? ¿Turismo? —Llega el chupito.
—Soy estudiante de arquitectura.
—Arquitecta... —dice como si lo meditara—. Muy interesante. Señorita ... , ¿le puedo invitar a otra cosa?
—Soy Isabela, y agradecería otro chupito —me tomo el que tenía de golpe y, con coquetería que hace mucho no usaba, chupo el limón, haciendo que sus ojos se claven en mis labios—. ¿Cómo te llamas?
—Gabriel —extiende su mano y yo la aprieto, pero este me sorprende dando un beso en el dorso—. Hueles delicioso.
¡Mierda! Este hombre derrite con solo hablar. Llegan los otros chupitos y este levanta la copita para brindar.
—¿Bailas?
—Por supuesto.
La música está al máximo. Ese hombre guapo
Gabriel se acerca sin pedir permiso, toma mis caderas y me gira, pegando su pecho a mi espalda. Su cuerpo se ajusta al mío con una naturalidad que me hace estremecer. Nuestros movimientos fluyen, como si ya nos conociéramos... y poco a poco me dejo llevar, hasta que siento cómo aumenta la presión de su agarre.—Tenían razón cuando decían que las latinas tienen su sabor... —susurra, pegándose aún más—. Me pregunto si también sabrán igual de bien en otras partes...
Lo dice tan cerca de mi oído que mi piel se eriza. El calor en mi vientre comienza a crecer.
—¿Tienes algo que decirme? —le lanzo, sin girarme.
Me voltea con firmeza, mirándome directo a los ojos.
—Voy a ser claro... Desde que te vi bailando con ese vestido tan provocador, no he dejado de imaginar todas las formas en que podría tenerte en mi cama.
Sus manos se deslizan hasta mis glúteos, dándome un apretón que me arranca un gemido suave.
—Te deseo. Y por tus reacciones, sé que tú también lo haces —se inclina hasta rozar mis labios con su aliento—. ¿Vienes a mi departamento y dejamos que este fuego nos consuma de una vez?
¿Su departamento? Dios... Nunca había hecho algo así. Una cosa es un beso robado o un roce en algún rincón oscuro, pero esto... esto es otra cosa.
Justo cuando pensaba decir que no, sus labios comienzan a recorrer mi cuello, dejando un rastro de fuego a su paso. Me debilito.
—Te prometo que si vienes conmigo te haré ver el cielo.
¡Maldición! Dije que esta noche haría lo que me diera la gana. Y lo voy a cumplir.
—Dame unos minutos. Me despido.
—Te espero afuera.
Camino hasta la mesa, donde está mi amiga, y tomo mi bolso.
—Me voy.
—¿Qué? ¡Pero si la fiesta apenas empieza!
—Ya te hice caso, y estoy a punto de irme con el hombre guapo de la noche —le susurro. Ella se aleja un poco y me lanza una sonrisa cómplice—. Te envío mi ubicación, por si acaso.
—¡Eso! Ve y disfruta —me pasa su copa y me la tomo de golpe. Necesito valor. Hace tanto que no estaba con un hombre... y ya era hora.
Al salir, me espera junto a un Ferrari rojo. Abre la puerta con naturalidad y me ofrece la mano. Tan caballeroso como tentador.
—Gracias —murmuro, sintiendo cómo los nervios se apoderan de mí.
Me sonríe. Luego sube al coche y arranca. El trayecto es silencioso, cargado de tensión... hasta que su mano se posa sobre mi pierna desnuda, acariciándola con suavidad.
—Tienes una piel exquisita... —susurra, y siento cómo mi respiración se agita—. Me pregunto si será igual en el resto de tu cuerpo...
Su mano se desliza hacia arriba, obligándome a abrir las piernas. Mi cuerpo arde.
—¿Qué... qué vas a hacer?
—Esto.
Sus dedos se hunden entre mis piernas, tocándome justo donde más lo deseo. Me arqueo, incapaz de contener el gemido.
—Ahh... —lo sujeto por la muñeca, rogando en silencio que no se detenga.
—Voy a recorrer cada rincón de tu cuerpo... y haré que grites mi nombre.
Justo cuando estoy por estallar, retira la mano.
—¿Por qué paras? —protesto, jadeando.
—Porque ya llegamos.
Me ayuda a bajar del auto. Frente a mí, un edificio de lujo. Imponente. Al entrar, el ascensor sube hasta el último piso. Cuando se abren las puertas, me encuentro con un departamento amplio, moderno... con una vista de Madrid que corta la respiración.
—¿Te gusta?
—Sí. Es impresionante.
Me acerco a los ventanales, pero no me da tiempo de decir más. Sus manos me atrapan por la cintura y me pegan a su cuerpo. Siento su erección dura y palpitante contra mis glúteos. Mi vestido cae al suelo con un solo movimiento. Sus manos exploran mi cuerpo mientras sus labios bajan por mi espalda, dejando una estela ardiente.
—Esta noche será larga... —me gira con fuerza y se queda mirándome, devorándome con los ojos antes de besarme con deseo salvaje.
Mis manos suben por su cuello y lo jalo hacia mí, profundizando el beso. Gabriel me carga con facilidad y me lleva hasta su habitación. Me deja caer sobre la cama como si fuera suya.
—Eres preciosa...
Se desviste lentamente, dejándome contemplar cada centímetro de su cuerpo. Músculos marcados, piel dorada... y esa erección que promete todo lo que mi cuerpo desea.
—¿Te gusta lo que ves?
Lo miro de arriba abajo. No hay duda: el hombre es perfección hecha carne.
—Mucho —respondo con una sonrisa provocadora, y me quito el sostén con lentitud. Estoy por quitarme la tanga, pero él me detiene.
—Déjame a mí...
La retira con sus propias manos y se acomoda sobre mí. Coloca una de mis piernas sobre su hombro y me observa desde arriba, como un depredador seguro de su presa.
—Te voy a devorar esta noche, hasta que los dos no podamos más.
Y entonces entra de golpe. Mi cuerpo lo recibe con una mezcla de sorpresa, placer y pura lujuria. Desde ese instante, todo se convierte en gemidos entrecortados, respiraciones descontroladas, caricias desesperadas y orgasmos que me hacen olvidar el mundo.
Una noche que prometía ser una locura... y terminó siendo un incendio.
Hola!! Regresamos con nueva historia
Denle mucho amor ♥️







