Después de que Daniela salió del café, Lucià permaneció inmóvil en su lugar, la cabeza gacha, los hombros temblando.
La mirada de Marcella se quedó un momento más en la entrada por donde el par había desaparecido. Algo oscuro cruzó su expresión antes de que finalmente apartara la vista y se girara hacia Lucià.
“Luce, ¿estás bien?” preguntó con cautela, dando un paso más cerca. Extendió la mano, pero en el momento en que sus dedos rozaron la manga de Lucià, esta alzó la cabeza de golpe.
La mirad