―Pero qué cara traes. ―Jessi dejó caer los hombros. ―Esposa, has estado tan deprimida todos estos días… ―La obligó a sentarse. ―¿Por qué sigues trabajando para él si eso te hace daño? ―Eir trató de controlar su barbilla temblorosa.
―Porque debo estar ahí para él sin importar nada. ―A Jessi se le hizo tonto eso. ―Por favor, solo apóyame, ¿Sí?
―De verdad no entiendo absolutamente nada. ―Resopló. ―Eres de otro mundo, de verdad que sí. ―Se puso en pie. ―Te haré un té para que te calmes, hoy amanec