Cinco años habían pasado, difíciles y muy largos, todos intentaban sobrellevar el dolor, pero que el niño viviera enfermo toda la vida los frustraba un poco más, se suponía que deberían protegerlo de absolutamente todo y no pueden porque eso se les sale de las manos.
―Amor. ―Eir miró los ojos de su hijo. ―¿Has tenido algún sueño? ¿Has escuchado voz en tu cabeza? ―Radiv negó, él sueña con él mismo frente a un espejo, es todo. ―Vale, no pasa nada, cielo. ―Besó su frente.
―Mami. ―Eir miró los ojo