Eir abrió los ojos y en lo primero que pensó fue en su bebé desaparecido, en ese que no tuvo la oportunidad ni siquiera de abrazar o darle un beso. Tras suspirar miró a su esposo y sonrió, ese hombre es un apoyo fundamental, jamás la ha dejado sola y a pesar del dolor que ambos tienen, él siempre ha sido más fuerte que ella y la ayuda a sobrellevar las cosas.
―¿Podrías quedarte un poco más en cama, mimada? ―La voz gruesa y ronca de su marido la tensó. ―Vamos, nena, el vuelo sale esta tarde. ―E