―Aquí estás, en soledad y comiendo con el resto de las ratas asquerosas. ―Eir miró a la mujer sorprendida. ―Oh, cierto, no te lo han dicho… la esposa de tu padre es mi tía. ―Sonrió disfrutando el desconcierto en ella.
―¿Qué haces aquí? ―Quiso saber Eir.
―Al contrario de ti, soy bienvenida y bien recibida siempre que quiera, pero tienes razón. ―Acercándose a ella, tiró el plato al piso con maldad. ―Tienes que ir al hospital y dejarle en claro a Vidar que tú no lo amas. ―Eir frunció el ceño.
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