Mundo de ficçãoIniciar sessãoTras la primera noche, donde Max se cansó de buscar la manera de escaparse, no le quedó más remedio que acostarse a dormir.
—Pero esa me la pagas… — fue su sentencia antes de cerrar los ojos.
Ahora, el amanecer se cuela por una rendija en la ventana de Giselle y se levanta renovada, con las ganas de tener un día espectacular. Se coloca una bata de seda, las pantuflas que Max le regaló, corta la amarra y sale de la habitaci&oa







