Me encontraba recostada en mi cama, sumida en un mar de pensamientos turbios y emociones agitadas, cuando la puerta se abrió de golpe, sin el más mínimo indicio de que alguien estuviera a punto de entrar. Me enderecé rápidamente, sorprendida por la intrusión, y mis ojos se encontraron con los de una monja que había irrumpido en mi habitación sin siquiera tocar la puerta.
— ¿Qué... qué quiere? — pregunté, tratando de ocultar mi sorpresa tras una máscara de calma, aunque mi corazón latía desbocad