DANISHKA.
— No me toques. Esto es por tu culpa — grité, apartándome para acercarme al cuerpo inerte de Cristinne —. Si tu no hubieras aparecido, nada de esto hubiera pasado… ahora…
— Danishka…
— Ahora me he convertido en una asesina, igual que tú. Tengo mis manos manchadas de sangre — presioné la herida, y miré los ojos abiertos sin vida de mi hermana. Aun así, no quería su muerte en mi cabeza —. Resiste por favor, Cristinne. No puedes morirte.
Pero era imposible resucitar un corazón que ya no